lunes, 20 de julio de 2009

Filosofia analitica


Lectura: Filosofía analítica y lenguaje cotidiano, de Adolfo León Gómez; Caps. I, Bogotá: USTA, 1988, PP.31-82.

Capítulo I:

Un primer brochazo sobre la filosofía de Austin
Austin estuvo atento a las patologías lingüísticas como medio de descubrir lo normal. En “Alegato a favor de las excusas” nos dice de manera manifiesta: “Estudio de las excusas puede arrojar luz sobre estas cuestiones fundamentales de dos grandes modos.
En primer lugar, examinar las excusas es examinar casos en los que se ha producido algo anormal o algún fallo. Frecuentemente lo manifiesto que oculta los oculta los mecanismos del acto natural afortunado… El mismo procedimiento se encuentra in actu exercitu en Palabras y acciones donde lo anormal se interfecta con lo cómico. Casi podríamos decir que aunque lo normal es lógicamente primero, lo anormal es gnoseológicamente prioritario. De allí el interés de la patología para el analista Austin.
Austin practicó la terapia filosófica en tanto que el interés por clarificar los conceptos fue permanente en su carrera filosófica. Realizaba seminarios en los que se discutían las diferencias entre expresiones como hacer algo inadvertidamente, por error, accidentalmente y análogos; buscó la precisión a toda costa hasta los límites de la pedantería y al tedio, porque “las palabras son nuestros instrumentos y, como mínimo, debemos usar instrumentos claros: debemos saber lo que significamos, y estar prevenidos contra las trampas que nos tiende el lenguaje”. ¡Nuestras frases son nuestros significados! Si nos olvidamos de ello aceremos en la hipersimplificación que podría llamarse la enfermedad profesional del filósofo, si no fuera su profesión.
Para Austin la filosofía no tiene por misión curar al hombre de la perplejidad filosófica, ni de la resultante angustia metafísica, sino descubrir la verdad; las verdades interesantes y profundas.
Austin desconfiaba de las generalizaciones precipitadas pero no rechazaba las teorías por principio; siempre aspiró, en medio de sugerencias y titubeos, a contribuir a la creación de una ciencia verdadera y comprensiva del lenguaje. Su idea de la filosofía era muy singular: la filosofía es un saco en el cual se ponen todos los residuos, todos los problemas que permanecen insolubles porque no se ha encontrado un tratamiento que encuentre un asentimiento unánime, porque tan pronto se encuentre se formará una nueva ciencia que tenderá a separarse de la filosofía a medida que define mejor su objeto y afirma su autoridad.

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